Es un género, que en el cine, es muy difícil de definir. Se puede decir que se trata del cine sentimental, el que suele hacer llorar o, al menos, humedecer los ojos del espectador, sumidos en el drama que se contempla en la pantalla. Sus argumentos y elementos estilísticos suelen aparecer en la mayoría de las películas de todos los géneros, debido a que las historias que los configuran son visiones realistas de la vida normal, cotidiana, lugar del que es fácil extraer todo tipo de episodios dramáticos y trágicos, que el cine trasladará directamente.
Se trata siempre de espisodios en los que predomina el infortunio y el dolor humano que presiden el deambular y el devenir de las “víctimas”, ante un presente desdichado y un futuro que se vislumbra cuando menos penoso. En medio de tales circunstancias adversas, estos seres se conducen como mejor pueden y siempre luchan entre sus convicciones, la moral y sus deseos, la vida; entre el azar, buscado o no, y la necesidad de salirse de él o de sucumbir por su causa.
Pensar en un melodrama como una película romántica sería reduccionista. Aplicado al cine, el término vendría a describir, más que un género, una forma de narrar, basada en los giros súbitos de la acción, el juego simplificado de connotaciones morales y el resorte sentimental y apasionado que mueve a los personajes. Dicho de otro modo, un uso preciso del término melodrama afectaría, prácticamente, a la totalidad de la producción de Hollywood.
Los argumentos que prevalecen en el melodrama cinematográfico son aquellos que narran la fatalidad, los amores contrariados, la entrega familiar, y en suma, todo lo sentimental.
En resumen son películas que tienen una carga emocional o moral muy fuerte y emotiva. Son dramas que buscan ser lo más realistas posibles dando un significado y connotacion humana.
Entre sus películas más reconocidas, caben destacar, Cumbres borrascosas (1939) de William Wyler, Casablanca (1942) y Alma en suplicio (1945) ambas de Michael Curtiz, Duelo al sol (1946) de King Vidor, Eva al desnudo (1950) de Joseph Mankiewicz, Escrito sobre el viento (1956) de Douglas Sirk, Tiempo de amar, tiempo de morir (1957), Doctor Zhivago (1965), de David Lean, Love Story (1970), de Arthur Hiller y El último tango en París (1972) de Bernardo Bertolucci.
Uno de los cineastas que se ha dedicado a este género, es el célebre, Ingmar Bergman, quien se ha ocupado siempre de ahondar en los recovecos de la condición humana, en las desgracias temporales y en la felicidades pasajeras por las que atraviesan las personas, solas y en relación con el prójimo. Sobre sus películas descansan las características mas ilustrativas de este género, desde Llueve sobre nuestro amor de 1946, pasando por Gritos y susurros de 1972 y Fanny y Alexander de 1982, hasta su último film Saraband de 2003.
En buena medida, el melodrama ha ido tomando sus formas nacionales que ya se podrían clasificar como subgéneros. Un ejemplo muy particular en el melodrama mexicano al estilo de En tiempos de don Porfirio (1940), de Juan Bustillo Oro,María Candelaria (1944), de Emilio Fernández, y Aventurera (1949), de Alberto Gout, anticipa lo que luego serían las telenovelas latinoamericanas, centradas en heroínas en busca del cariño verdadero. Esta faceta televisiva, ha sido la que mejor a continuado con las claves del cine melodramático.
Entre los ejemplos más recientes se encuentran La edad de la inocencia (1993) de Martin Scorsese, Los puentes de Madison (1995) de Clint Eastwood, Rompiendo la olas (1996) de Lars Von Trier y Titanic (1997) de James Cameron.
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